De repente dejan de vivir, para engrosar la fila de los muertos. Nos dejan desajustados por un momento. Y luego arremeten como seres mitológicos en nuestra memoria. Convertidos en una copia de sí mismos por sus deudos; en un compendio de virtudes limitadas, si bien imponentes; de escenas clave, con frases para el bronce.
Memoria que reconstruye nuestros deseos, que sólo muestra nuestra vileza.
Y ellos, despojados de su humanidad (o ex humanidad) por un puñado de fanáticos, que los convierten en impotentes inmortales.
domingo 14 de enero de 2007
martes 9 de enero de 2007
2666. Bolaño. Las obras maestras de la literatura
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Le dice el viejo que le alquilaba a Benno von Archimboldi una máquina de escribir, para que este escribiera su primera novela, recordando su pasado de escritor:
“...Pero también supe que jamás lograría acercarme o internarme en aquello que llamamos una obra maestra. Me dirá usted que la literatura no consiste únicamente en obras maestras sino que está poblada de obras, así llamadas, menores. Yo también creía eso. La literatura es un vasto bosque y las obras maestras son los lagos, los árboles inmensos o extrañísimos, las elocuentes flores preciosas o las escondidas grutas,pero un bosque también está compuesto por árboles comunes y corrientes, por yerbazales, por charcos, por plantas parásitas, por hongos y por florecillas silvestres. Me equivocaba. Las obras menores, en realidad, no existen. Quiero decir: el autor de una obra menor no se llama fulanito o zutanito. Fulanito y zutanito existen, de eso no cabe duda, y sufren y trabajan y publican en periódicos y revistas y de vez en cuando incluso publican un libro que no desmerece el papel en el que está impreso, pero esos libros o esos artículos, si usted se fija con atención, no están escritos por ellos...
En las entrañas del hombre que escribe no hay nada. Nada, quiero decir, que su mujer, en su momento dado, pueda reconocer. Escribe al dictado. Su novela o poemario, decentes, decentitos, salen no por un ejercicio de estilo o voluntad, como el pobre desgraciado cree, sino gracias a un ejercicio de ocultamiento. ¡Es necesario que haya muchos libros, muchos pinos encantadores, para que velen de miradas aviesas el libro que realmente importa, la jodida gruta de nuestra desgracia, la flor mágica del invierno!“
Bolaño, 2666, p.982, 983. (Cursivas del original)
Ver:
Cuchitril literario
El último caso del detective salvaje, por Rodrigo Fresán
lunes 8 de enero de 2007
El rapto de Persefone y la siembra

Perséfone como La Suma Sacerdotisa
en el Tarot Mítico
Todo comenzó con los deseos de Hades, señor del mundo de los muertos, de casarse. Pero temía (sensatamente), que ninuna divinidad deseara compartir su morada. Un día se fijó en Perséfone, hija de Deméter (diosa de los frutos y la agricultura), una bella divinidad cuyo único interés consistía en aspirar el aroma de las flores en primavera.
Con la ayuda de Zeus, cuando ésta se encontraba embelesada con narcisos floridos, Hades hizo brotar una hermosísima flor de la tierra. Al intentar Perséfone arrancarla, se abrió una enorme grieta en la tierra y Hades se la llevó consigo hacia el mundo subterráneo.
Deméter, la madre, oyendo los gritos de su hija, se hechó un velo oscuro sobre sus hombros y partió en busca de ésta sin respuesta alguna. Helio (dios sol) reveló a Deméter cómo había sido raptada, y cómo el propio Zeus había apoyado la unión. Deméter, profundamente irritada, abandona el Olimpo y se dedica a vagar como una anciana por la tierra, entre los mortales. Además, en venganza, de la tierra ese año no creció nada.
Ante la insistencia de los dioses, Deméter es tajante: la tierra no dará ningún fruto hasta que le devuelvan a su hija. Zeus, compadeciéndose de los pobres hombres, envía a rescatar a Perséfone de las manos de Hades.
Éste accede, pero, astutamente, hace que la joven coma una granada, el fruto de los muertos, que consumó el matrimonio entre ambos y la obligaba a volver. Perséfone regresó con su madre, sin embargo, al conocer Deméter de esta consumación, su indignación creció.
Finalmente, Zeus intercede y se llega a un acuerdo: Perséfone dividiría el año entre el mundo subterráneo y su madre. Así, cuando llega la partida de Perséfone con su esposo, la tierra se entristece y enluta de invierno, para volver a florecer en primavera, con su regreso.
La motivación de escribir aquí esta historia es comenzar el viaje de la siembra. El arado rasgando la tierra y raptando la semilla a su reino, bajo tierra, el reino de los muertos. Tierra que, sin embargo, permite la germinación.
Menos poéticamente, el crecimiento de cualquier planta tiene dos direcciones: La ascendente, que podríamos llamar hacia la vida, el cielo, el futuro (y esto ya es parte de mi elucubración). Y por otra parte la dirección descendente, las raíces en las que se sostiene, hacia el mundo de los muertos, del pasado y el recuerdo.
De más está decir la necesidad de ambas direcciones.
domingo 11 de junio de 2006
Unas fotos del cementerio de Caldera
(Caldera, Región de Atacama, Chile, para los que no saben)
Siempre que visito alguna ciudad me gusta ir a su cementerio.
Creo que es una forma de entrar a las ciudades por la puerta de atrás, sin que sus habitantes tomen precauciones de apariencia frente al turista. Están allí desnudos en un espacio que ellos escogieron para sepultar a sus deudos y visitarlos en privado.

Una foto de la tumba de un niño (hay un muro completo destinado a tumbas de niños). Allí hay objetos tan íntimos como los juguetes que usó o ropas. Por la fecha de muerte muchos de esos niños tendrían 30, 40 años, y esos juguetes se habrían perdido o roto, pero su muerte los volvió permanentes.
Siempre que visito alguna ciudad me gusta ir a su cementerio.
Creo que es una forma de entrar a las ciudades por la puerta de atrás, sin que sus habitantes tomen precauciones de apariencia frente al turista. Están allí desnudos en un espacio que ellos escogieron para sepultar a sus deudos y visitarlos en privado. 
Una foto de la tumba de un niño (hay un muro completo destinado a tumbas de niños). Allí hay objetos tan íntimos como los juguetes que usó o ropas. Por la fecha de muerte muchos de esos niños tendrían 30, 40 años, y esos juguetes se habrían perdido o roto, pero su muerte los volvió permanentes.
Preparar el terreno
Escribo aquí como una forma de mostrar una parte de mí que no puede aparecer ante los ojos de otros de otra manera. Tal vez porque necesito la palabra escrita, tal vez porque esa parte mía está aún en construcción.
Por el momento, no es importante que se lea lo que aquí está escrito, de hecho, este blog lleva meses creado y aún no se ha sembrado ni una semilla. Lo importante es el nombre, es dejar una grieta en mi mente que permita algún día el fluir de las palabras. Si logro todo eso tal vez desee recibir una respuesta.
Pero todavía no sé cuál es la pregunta.
Por el momento, no es importante que se lea lo que aquí está escrito, de hecho, este blog lleva meses creado y aún no se ha sembrado ni una semilla. Lo importante es el nombre, es dejar una grieta en mi mente que permita algún día el fluir de las palabras. Si logro todo eso tal vez desee recibir una respuesta.
Pero todavía no sé cuál es la pregunta.
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